HABIA UNA VEZ UN VALLE LLAMADO CHOAPA

Te invito en un momento a cerrar los ojos, a recordar cómo eran nuestros pueblos, nuestros campos, nuestros valles hace 20 años, no tan lejos por allá por el año 1999 casi a punto de comenzar un nuevo siglo, pueblos y ciudades con menos tecnologías, con menos conectividad vial (caminos polvorientos o con barro) y de transporte con micros si esas que cargaban de todo para ir a los centros urbanos y volver cargados al regreso. Ríos, esteros y quebradas con agua, veníamos de un año 97 con buenas lluvias, todos con menos recursos, con un mundo rural dedicados a la pequeña agricultura y ganadería, donde veíamos pasar por todo el valle a los crianceros con sus animales a la cordillera, en su famosa trashumancia, donde aún habían cerros para pastorear cabras, ovejas, caballos, vacunos, etc.

Era otro Choapa, donde aún se  respiraba aire puro, donde el agua aún era limpia, tal vez no abundante como años atrás, con menos días de lluvias, pero con vegetación en los cerros verdes o amarillos según la estación del año, donde aún algunos sembraban trigo o cebada en los cerros, donde se respetaba el ciclo del agua y de la tierra, donde todavía comíamos tomates solo en los veranos.

Fue ese año en diciembre que comenzaba lentamente armarse un enemigo disfrazado de oveja, al final de nuestro valle, donde se prometía que iba a cambiar la vida de quienes vivían en sus alrededores, un lobo feroz que nos terminaría arrebatado todo lo que nos servía para el futuro, ahí fue cuando nuestra vida nos cambió, donde apostamos y se nos diluyo nuestro mayor tesoro, El agua.

Después la geografía de nuestros cerros se fueron modificando, nuestra flora fue arrancada de su tierra, de su máxima raíz, castrada y extinta, solo para que algunos pudieran lucrar con los monocultivos y sin un mas mínimo pudor seguir sobreexplotando el agua, donde solo importaba el fin económico que el bien común.

Te imaginas hoy un valle sin agua, donde todo lo que existe hoy fueran solo ruinas en un valle azotado solo por el sol, donde solo queden restos de secos de raíces de lo que algún día fueron frondosos cerros cultivados con un cuanto había para sembrar, cosechar y recibir, que cuando ya no sirvieron aquellos inversionistas se fueron y cerraron por fuera, sin importarles un comino el daño causado, te imaginas un valle con tortas gigantes de desechos de la gran minería que no respetaron y no midieron nunca el impacto que tendrían en el medio ambiente, en los flujos de las aguas, en los cursos de los vientos que arrastraron por grandes extensiones de terrenos sus basura tóxica que nunca se llevaron.

Te imaginas que todo lo que hay hoy sean restos investigados por científicos para entender ¿Cómo vivíamos?, tratando de entender ¿Cómo fue que migramos todos a grande urbes?, ¿Cómo fue que dejamos morir todo este ecosistema?, que tuvieran que descifrar a través del arte dejado plasmado ¿Qué fuimos?

Te has puesto a pensar en ¿Cómo estamos y como estaremos en 20 años más?

Nos echamos el Valle porque fuimos egoístas, porque nunca pensamos de verdad en que le íbamos a dejar a las futuras generaciones. Fuimos egoístas porque nunca apoyamos y siempre callamos o nos reímos de aquel que reclamaba por el cuidado de la cuenca del río, del estero, del mar, de la tierra. Fuimos egoístas en solo pensar que mientras yo tuviese trabajo me daba lo mismo que contaminaran, que usurparan el agua a destajo. Fuimos egoístas cuando no elegimos a las autoridades que velaban por el bien común por sobre los que solo prometían mayor trabajo, mejor economía a costa de sacrificar nuestra tierra.

Erick Puelles P.

Director Redacciona.cl 

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