PRESBÍTERO JUAN CARLOS REBOLLEDO MIRANDA

Sacerdote diocesano de la Prelatura de Illapel. Nació en Talca el 15 de agosto de 1955. Sus padres fueron Don Luis Alberto Rebolledo Román y Doña Mercedes Miranda Acuña. Desde niño y como monaguillo en la iglesia del Corazón de María en Talca, fue sintiendo el llamado del Señor. El 17 de diciembre de 1983 recibió la ordenación sacerdotal por la imposición de manos de Monseñor Polidoro Van Vlierberghe en la Catedral de Illapel.
Sus primeros desvelos sacerdotales fueron dedicados a su “querido Illapel”. Fue vicario parroquial de las Parroquias San Rafael y Nuestra Señora de Fátima. Entre 1987 y 1994 estuvo a cargo de la Parroquia San Rafael. Caritativo con los pobres y sobrio en su modo de vivir, estaba siempre preocupado del decoro del altar. Vibraba con las fiestas de la Virgen y sus prédicas eran directas y sencillas. Animó a varios jóvenes en la vocación sacerdotal y les decía: “Exigentes en la prédica, misericordiosos en el confesionario”.
El 5 de febrero de 1994 asumió como párroco de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Palo Colorado de Quilimarí. Allí continuó con renovado entusiasmo su labor sacerdotal, movido siempre por su amor a la Eucaristía y a la Santísima Virgen. Alguien escribió después de su muerte: “Dios es justo en sus designios y quiso llevárselo, dejándonos, una vez más, huérfanos de ese apoyo que el Padre Juan Carlos nos entregó con toda su alma y devoción. En corto tiempo se adentró profundamente en el corazón de los habitantes del Valle de Quilimarí, Pichidangui y de toda la Comuna de Los Vilos”.
El P. Juan Carlos falleció en un accidente automovilístico en el km. 215 de la Ruta 5 Norte (sector de Totoralillo), el 10 de marzo de 1995. Los funerales en Illapel y en Quilimarí, junto con el dolor por la partida de un sacerdote tan querido, expresaron la gratitud de un pueblo por su entrega pastoral. Sus restos mortales fueron llevados al Cementerio de Talca.
La obra del P. Juan Carlos quedó plasmada en el corazón de quienes le conocieron: “… fue un sacerdote de mucha cercanía, misericordia y de un gran atractivo carismático con los niños, los ancianos y los drogadictos. Sus celebraciones litúrgicas fueron realizaciones de su lema: Para el Señor lo mejor”. (Diccionario Biográfico del Clero Secular Chileno, 1983-2000). La I. Municipalidad de Illapel creó una beca para jóvenes estudiantes que lleva su nombre.
El periódico El Valle, en su edición de marzo de 1995, dejó consignadas, como homenaje póstumo, una de sus últimas reflexiones: “Como cura no puedo estar más feliz. Me puedo realizar como sacerdote acercando la gente a Dios, como persona amándolos en su dolor, compartiendo sus penas y alegrías, y ayudando en el progreso a la comunidad. A veces uno se siente solo, en especial después de la misa dominical en la noche, cuando vivo una Fiesta y luego cierro la iglesia y me quedo solo con el Señor. Pero al día siguiente, cuando despierto en el silencio del campo, me lleno de energía al contemplar la tierra que es [como] el corazón de ésta gente. Ella se vuelve fértil con un poco de agua; igual pasa con el corazón que crece al recibir la Palabra de Dios”.
Créditos reseña histórica y fotografías: Pbro. Lucio Cáceres Méndez, Cura Párroco de Parroquia de Caimanes.

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